Tuve la oportunidad de visitar la ciudad de Hermosillo en días pasados, siempre es bueno renovarse con un viaje, principalmente si es a tú tierra de origen.
Ahí me fui a ver el lugar donde se encontraba la guardería ABC, donde ocurrió la dantesca tragedia del incendio que hasta el momento ha arrojado 47 niños muertos.
Las calles acordonadas y los policías en cada lado te indican fácilmente que ese es el lugar, no podía identificarlo porque llegue por la parte de atrás.
Atiné a ver la bodega donde inició todo y que forma parte de una serie de bodegas que se encuentran en el área. Ya al dar vuelta me percaté que estaba rodeado por una construcción vacía y en ruinas. Continuamente está una llantera, y en la parte posterior los colores llamativos de la nefastamente famosa guardería.
Al continuar moviéndome hacia el frente, sólo me persigné. Ahí frente a mi se veía lo que quedo de la peor tragedia que Hermosillo ha visto.
Aún de lejos se pueden observar los hoyos realizados por el conductor que sin pensarlo dos veces hizo huecos en la pared con su pick-up evitando más muertes.
Todavía olía a tragedia y lo ahumado dejaba esa sensación de que ocurrió hace muy poco. Cual fue mi sorpresa al ver una estación de gasolina justo frente a la guardería. Muy extraño lugar para cuidar niños en medio de bodegas y frente aun depósito de gasolina.
También, me tocó presenciar una de las marchas de una sociedad que clama su dolor pero a la vez exige justicia y le hace ver al gobierno que mucha gente no hizo bien su trabajo, que hubo y ha habido mano negra para ocultar a los verdaderos culpables.
Todo mundo se echa la culpa, los funcionarios estatales a los federales y los municipales, y viceversa. Además del dolor de la gente, se abrió una cloaca de corrupción y negligencia.
Hoy se sabe que cerraron guarderías de gran tradición en Hermosillo para luego abrir otras nuevas por concesiones que sirvieron como huesos políticos.
Así se aprovecharon y surgieron estancias infantiles que cobraban por cada menor 615 dólares al mes al gobierno. Multiplique esto por 200 personas y atínele al precio: 123 mil dólares mensuales. Y aún así no les alcanzó para poner salidas de emergencia. Y no hay que rascarle más porque la corrupción y el tráfico de influencias apestan.
Otra cosa que me impresionó mucho es la cantidad de propaganda electoral, la contaminación visual y la enorme cantidad de dinero que se gastó.
Panfletos, posters, medios electrónicos y ahora la enorme cantidad de autos con carteleras móviles. Todo superficial y de imagen, pero de ideas y propuestas, nada. ¿Dónde está la crisis?
Ya de regreso en mi democrático camión, me tocó conocer también el nuevo y afamado retén del ejercito en la carretera Hermosillo-Nogales, dotado con rayos Gamma y una construcción sofisticada para detectar droga y otras actividades criminales.
Aún así no impidió que hiciéramos dos horas de cola y que desarmaran la parrilla frontal del camión, ya que los modernos sensores marcaban que había algo.
Y ¿qué creen? No hubo nada. El retén del edén parece que falló y el ciudadano común y corriente paga los platos rotos del gobierno negligente y corrupto. Una vez más.
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