Al final del primer día de la caminata, los pies de Nancy Rivera estaban llenos de ampollas, pero no se dio por vencida y siguió la travesía por el desierto junto con el grupo.
Caminó 5 millas y aunque usaba los zapatos apropiados, las ampollas fueron inevitables porque sus pies son muy sensibles, dice Rivera, hija de inmigrantes mexicanos y residente del estado de Texas.
Era la primera vez que Rivera participaba en la Caminata del Migrante, que desde hace cinco años organiza la Coalición de Derechos Humanos en memoria de quienes han muerto en el desierto en su intento por llegar a E.U.
"Me curaron, pero las ampollas siguieron saliendo", dice. "No me podía quejar, pues tenía a todas estas personas asegurándose de que mis ampollas no se fueran a infectar, pero los inmigrantes no tienen ese lujo".
Rivera, junto con más de 50 personas, hicieron el recorrido de 75 millas el año pasado. Caminaron por una de las rutas que algunos inmigrantes recorren en su intento por cruzar el desierto.
Rivera lo hizo para ser solidaria con los inmigrantes y porque pensó que sabía sobre la inmigración ilegal, dice. Pero, tras la experiencia, se dio cuenta que hay mucho por hacer y entender del tema.
"Escuchamos sobre eso todo el tiempo en casa, es algo con lo que vivimos", menciona Rivera, quien trabaja en el área de psicología clínica.
"Pero realmente nunca vamos a saber lo que significa caminar por el desierto en busca de una mejor vida, dejar el País que amamos por buscar en otros lados para alimentar a nuestros hijos", añade.
Sin embargo, dice que por lo menos pudo entender el dolor físico de cruzar el desierto. Aunque también, de cierta forma, fue una experiencia emocional y espiritual. "Físicamente fue difícil, estaba tratando de encontrar la mejor forma de caminar con menos dolor", recuerda.
Este año Rivera se unirá de nuevo al grupo que caminará por el desierto en un ruta que iniciará en Sásabe, Sonora el 26 de mayo y concluirá el 1 de junio en Tucsón. Formará parte del comité de 10 personas del Comité Central Menonita que participará.
Un viaje de paz
Kat Rodríguez, de la Coalición de Derechos Humanos, dice que esperan la participación de unas 75 personas este año.
"La precaria realidad de nuestras fronteras nos llama a caminar. Caminamos juntos en un viaje de paz para recordar a la gente, amigos y familia que han muerto, a quienes han cruzado, y por la gente que continuará viniendo", cita la organización en su sitio Web.
"Finalmente, caminamos como comunidad, en defensa de las fronteras que amenazan con dividirnos, comprometidos a trabajar juntos por la dignidad de todas las personas".
Rodríguez dice que el año pasado participaron unas 50 personas y en esta ocasión contarán también con una delegación de México.
La idea, añade Rodríguez, es que quienes participen puedan permanecer con el grupo durante los siete días de la semana.
Los participantes caminan por la mañana y de noche acampan en distintos sitios de la ruta. En muchas ocasiones, durante la travesía, se encuentran con grupos de inmigrantes que están haciendo el viaje.
Rivera se está preparando para participar en la caminata de este año. Después de la experiencia del año pasado, ha comenzado a idear qué puede hacer para crear más conciencia sobre el tema.
"He estado pensando en cómo utilizar mi educación para ayudar a mi gente. Cuando tienes cierta educación es más fácil que la gente te escuche", dice.
Por lo pronto ya compartió, a través de la representación del Comité Menonita en Washington, su experiencia del año pasado y las historias de los inmigrantes que conoció.
Rodríguez, por su parte, dice que el compromiso es seguir haciendo caminatas hasta que acabe el problema de las muertes en el desierto.
"Seguimos con la misma dinámica, caminar hasta que dejen de morir las personas, ese es el plan", comenta Rodríguez. "Así que vamos a estar caminando por muchos años, es muy triste", dice sobre el aumento en el número de muertes.