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Mi Opinión
La política detrás del TLC con Colombia

Por Ma. Elena Salinas
Publicado: 05.16.2008
Es fácil predecir cuando el presidente Bush quiere algo. Lo trae a colación una y otra vez. No pierde oportunidad para hacerlo. Tal como sucede con la petición al congreso para que apruebe el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia.
El acuerdo comercial ya ha sido negociado, ha sido aceptado, renegociado y firmado por ambos países. Pero para ser implementado tiene que ser aprobado por el congreso y los líderes demócratas se niegan a hacerlo. La pregunta es ¿por qué ambos partidos están tan aferrados en sus posturas?
Aquí están las dos versiones: El presidente Bush y los republicanos argumentan que el acuerdo beneficiará a las empresas estadounidenses permitiendo el ingreso de sus productos al mercado colombiano libre de tarifas arancelarias, y que además es necesario para reforzar la democracia colombiana amenazada por los gobiernos de izquierda que la rodean, Venezuela, Ecuador y Bolivia.
Los demócratas dicen que antes de aprobar el Tratado de Libre Comercio con Colombia, el gobierno estadounidense debe proteger su debilitada economía, y además el gobierno del presidente Álvaro Uribe en Colombia necesita hacer más para evitar y esclarecer los asesinatos de líderes sindicales.
La inquietud entonces es si esto se trata de dar a los exportadores norteamericanos una oportunidad de ventas de sus productos, proteger las leyes laborales y los derechos humanos en un País extranjero, o más bien una lucha de poder entre demócratas y republicanos.
El doctor Bruce Michael Bagley, profesor de estudios internacionales en University of Miami, piensa que es lo último. La presidente de la cámara de representantes, Nancy Pelosi, según Bagley, quiere que Bush acepte el Acta de Ajuste Comercial que proporcionaría entrenamiento a los trabajadores norteamericanos, que quizás pierdan sus trabajos como consecuencia de los pactos internacionales de comercio. Y lo que el presidente trata de hacer es "imponer su voluntad y avergonzar a los demócratas", dice Bagley.
No sé que tan cierto sea que quiere avergonzar a los demócratas, pero Bush efectivamente ha intentado imponer su voluntad. A principios de abril el presidente puso el acuerdo de libre comercio colombiano en la vía rápida, dando al congreso 90 días para aprobarlo sin posibilidad de hacer cualquier cambio.
Pero el liderazgo demócrata no mordió la carnada. Pelosi tuvo éxito bloqueando el voto en la cámara de representantes, cambiando las reglas y no había nada que la Casa Blanca pudiera hacer excepto quejarse y continuar presionando.
La administración Bush encontró en el secretario de comercio Carlos Gutiérrez al mejor y más directo defensor del tratado. "Si los colombianos no compran nuestros tractores, ellos los comprarán a Japón", dijo. "Si ellos no compran nuestro trigo, lo comprarán a Canadá y si ellos no compran nuestros equipos de alta tecnología, lo comprarán a China", agregó.
Lo cierto es que Colombia ya tiene una ventaja sobre Estados Unidos. Bajo el Acta de Preferencia Arancelaria Andina más del 90 por ciento de los productos colombianos que entran a Estados Unidos están libres de impuestos, mientras que nuestras exportaciones enfrentan tarifas hasta del 35 por ciento y más aun para algunos productos agrícolas.
El nuevo acuerdo comercial con Colombia eliminaría las tarifas en más del 80 por ciento de las exportaciones industriales y de productos de consumo norteamericanos de manera inmediata, y el 100 por ciento para las exportaciones norteamericanas en el futuro. A Colombia además de nuevas ventajas arancelarias, el tratado bilateral le daría un gran aporte en inversiones de Estados Unidos y fortalecería aun más su alianza política.
En un año electoral está difícil que cualquiera de los dos lados dé su brazo a torcer. Los demócratas no sólo están preocupados por los asesinatos de líderes sindicales en Colombia, sino que responden a la presión que les estarían poniendo grupos sindicales en E.U. que se oponen al acuerdo.
Y en cuanto a la Casa Blanca, quién sabe qué promesas le habrá hecho a Colombia que ahora no pueden cumplir. Así es que por ahora Colombia se ha quedado atorada en medio de una lucha política más, entre la Casa Blanca y el liderazgo demócrata del congreso.
● María Elena Salinas es autora del libro "Yo soy la hija de mi padre: Una vida sin secretos". Conéctese a www.mariaesalinas.com

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